
En el gélido y remoto paisaje de Alaska, la búsqueda de justicia para Eunice Whitman se ha convertido en un laberinto de pistas perdidas y promesas rotas. Su muerte, hace casi una década, expone las profundas grietas del sistema judicial de la región, dejando a su familia en una agonizante espera y a los investigadores de vuelta al punto de partida.
La abogada Marcy McDannel, con la mirada fija en el rostro de Samuel Atchak, un hombre sentenciado a 115 años por un brutal asesinato, le mostró una fotografía. Atchak, de 27 años en ese momento, cumplía condena por la muerte de Roxanne Smart en 2014. Smart fue encontrada apuñalada y su cuerpo exhibido desnudo en la tundra de Chevak, un pueblo costero de Alaska. Atchak se declaró culpable de asesinato en segundo grado y agresión sexual en tentativa.
El interés de McDannel, sin embargo, se centraba en otro caso: el de Eunice Whitman, hallada muerta menos de nueve meses después, en Bethel, otra comunidad costera cercana. Al igual que Smart, Whitman fue encontrada apuñalada en garganta y pecho, su cuerpo desnudo y su ropa dispuesta cerca. Nadie ha sido condenado por su muerte.
Atchak, al ser confrontado con la imagen, aseguró no inmutarse. "Estoy bien", dijo. Durante dos horas, McDannel intentó extraerle información, especulando sobre la posición del cuerpo, la posible sorpresa del agresor, e incluso la estatura del culpable, sugiriendo que podría ser alguien de 1,73 metros, a pesar de que él mide 1,68 metros.

McDannel, quien pasó de ser fiscal a defensora, estaba particularmente interesada en el caso de Whitman porque había logrado la liberación de su anterior cliente, Justine Paul, arrestado por el asesinato de Whitman. Paul pasó siete años en prisión, a pesar de que la evidencia física que lo vinculaba al crimen se desmoronó con el tiempo.
La abogada no podía dejar el caso atrás. Si Paul no era el culpable, ¿quién lo era? La investigación policial tras el arresto de Paul incluyó interrogatorios a numerosas personas, solicitando muestras de ADN y buscando detalles sobre la relación de Paul con Whitman y sus movimientos la noche del crimen.
Sin embargo, la investigación dejó cabos sueltos, como ADN masculino en el cuerpo de Whitman que no pertenecía a Paul ni a otros sospechosos investigados. Sorprendentemente, los registros policiales no indicaban que Atchak, con un crimen tan similar, hubiera sido interrogado, a pesar de la atención mediática que ambos casos generaron.
La defensa de Paul argumentó que la policía y los fiscales se apresuraron en el arresto, sin esperar los resultados de las pruebas forenses clave. Abogados externos señalaron que el sistema legal de Alaska podría agilizar los juicios, permitiendo que la validez de las pruebas sea evaluada más rápidamente. Esto podría haber evitado que Paul pasara años en la cárcel y, quizás, haber llevado a los investigadores a seguir pistas frescas.
La ex investigadora principal del caso en Bethel, Amy Davis, mantiene su convicción de la culpabilidad de Paul y defiende las acciones policiales. Los fiscales, por su parte, sostienen que actuaron correctamente. La Fiscalía de Alaska reconoció que los retrasos fueron "inaceptables", atribuyéndolos a varios factores, incluida la rotación de personal.
Actualmente, la policía estatal de Alaska ha reabierto la investigación de la muerte de Whitman, tres años después de que los cargos contra Paul fueran desestimados. La hermana de Eunice, Heather Whitman, sigue convencida de la culpabilidad de Paul, posiblemente con un cómplice.
Eunice Whitman era la menor de seis hermanos, descrita por su hermana Heather como "la luz en la vida de todos". Creció en Bethel, una comunidad con profundas raíces en la cultura indígena Yup'ik. Su hermana Heather nombró a su hija en su honor, y la pequeña, de 8 años, comparte la alegría y picardía de su tía.
La familia Whitman vive marcada por la tragedia. Heather y su otra hermana, Sarah, trabajan en una tienda cercana al lugar donde encontraron el cuerpo de Eunice. La madre de Justine Paul, Joann Paul Carl, relató que su hijo conocía a Eunice desde niños y que planeaba proponerle matrimonio. El día antes del asesinato en mayo de 2015, Paul estaba en Bethel. Un video de su teléfono lo mostraba discutiendo con alguien en la pasarela a la 1:11 a.m. Paul declaró que se separaron a la 1:00 a.m., y horas después, su cuerpo fue encontrado.
El caso generó titulares rápidamente, con informes policiales que afirmaban haber encontrado sangre de Whitman en la ropa de Paul. Sin embargo, con el paso de los años, no hubo actualizaciones sobre por qué un caso aparentemente cerrado se demoraba tanto. La cobertura mediática local fue escasa, dejando al público sin información sobre la desestimación de los cargos.
En los días posteriores al asesinato de Whitman, el investigador principal del caso habló con Kyle Jones, un conocido de la víctima desde la infancia. Jones confirmó el relato de Paul sobre su encuentro esa noche. Sin embargo, en 2019, McDannel presentó una moción alegando que Jones había "admitido haber matado a Eunice Whitman a otra persona mientras lloraba y estaba ebrio". La tía de Jones, quien supuestamente recibió la confesión, no pudo ser contactada.
Jones, quien tiene un historial de violencia, negó haber matado a Whitman. Explicó que su "confesión" ebria se refería a sentirse responsable por la muerte de Whitman, creyendo que Paul la había matado por celos. Jones y Paul compartieron celda en 2016, y Jones relató que en ese momento se dio cuenta de que Paul "no lo había hecho".
La defensa de Paul también señaló a otros posibles sospechosos, incluyendo a un exnovio y al encargado de una tienda cercana. Sin embargo, la policía, liderada por la sargento Davis, se mantuvo firme en su convicción de que Paul era el culpable.
La investigación de McDannel la llevó a descubrir el caso de Roxanne Smart, asesinada nueve meses antes en Chevak. Las similitudes eran escalofriantes: ambas mujeres apuñaladas, desnudas, con sus ropas dispuestas cerca. Atchak confesó el asesinato de Smart, describiendo cómo la sorprendió por detrás.
La detective Davis, sin embargo, afirmó desconocer el asesinato de Smart. McDannel y su investigadora creían que Atchak podría estar involucrado en la muerte de Whitman. Presentaron la información a las autoridades, esperando que el ADN no identificado en el cuerpo de Whitman fuera comparado con el de Atchak. Sin embargo, los oficiales de policía descartaron a Atchak basándose en registros de viaje y médicos, sin proporcionar los documentos que sustentaban su conclusión.
En enero pasado, la activista Antonia Commack reavivó el caso de Whitman a través de redes sociales, generando una oleada de llamadas al departamento de policía de Bethel. La unidad de Personas Indígenas Desaparecidas y Asesinadas se hizo cargo de la investigación, comenzando desde cero.
La familia Whitman, a pesar de la lentitud del sistema, no ha perdido la esperanza. Heather Whitman, aunque convencida de la culpabilidad de Paul, está abierta a la posibilidad de que se reabra la investigación y se encuentren respuestas. La justicia para Eunice Whitman sigue siendo una deuda pendiente en el vasto y a menudo inaccesible sistema judicial de Alaska.
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