El 1 de noviembre de 2007, Meredith Kercher, una estudiante británica de 21 años, fue asesinada brutalmente en la casa que compartía en Perugia, Italia. El crimen estremeció al mundo por su violencia y por la subsiguiente tormenta judicial y mediática.
La atención se centró rápidamente en su compañera de piso, la estadounidense Amanda Knox (“Foxy Knoxy”), y el novio de esta, Raffaele Sollecito. Los fiscales los acusaron de un asesinato sexual colectivo junto a Rudy Guede, un marfileño cuyo ADN fue hallado en la escena.
El caso estuvo plagado de pruebas forenses inconsistentes y de una cobertura mediática sensacionalista. Tras años de condenas, apelaciones y giros dramáticos, Knox y Sollecito fueron absueltos definitivamente en 2015 por la Corte Suprema italiana.
Rudy Guede resultó ser el único condenado firme por el crimen. El caso Kercher se convirtió en un ejemplo de cómo la presión mediática y los errores de investigación pueden desdibujar la frontera entre la justicia y el espectáculo.