
El arranque del año 2026 ha traído consigo una preocupante escalada de homicidios en las principales urbes de Colombia. Ciudades como Cali, Barranquilla y Medellín registran un alza alarmante en las cifras de asesinatos, lejos de cualquier indicio de mejora. Este fenómeno se atribuye a la persistencia de guerras criminales, enfrentamientos entre organizaciones ilegales y ajustes de cuentas vinculados al narcotráfico, la extorsión y otras actividades ilícitas.
Las autoridades reconocen que, si bien los escenarios varían entre cada urbe, el factor común es la reconfiguración del crimen organizado. Este ha desplazado viejas disputas territoriales hacia los centros urbanos, impactando directamente en la seguridad de los ciudadanos.
El panorama más desolador se presenta en Cali, donde en un lapso inferior a 30 días se han reportado más de 90 homicidios, una cifra que ha encendido las alarmas de investigadores y autoridades locales. Aunque muchos de estos casos siguen bajo investigación, las hipótesis apuntan a disputas entre oficinas de sicarios y antiguas estructuras del narcotráfico que parecen resurgir o ser "recicladas" en este 2026.
Uno de los hechos más impactantes ocurrió recientemente en un exclusivo restaurante del sector El Peñón. Cinco individuos armados ingresaron al establecimiento y asesinaron a un hombre que se encontraba con su familia. Inicialmente se manejó la versión de un robo, pero investigaciones posteriores, basadas en análisis de videos de seguridad, confirmaron que se trató de un ajuste de cuentas entre organizaciones de narcotráfico transnacional. Según la información obtenida, la víctima adeudaba una suma considerable de dinero a uno de los llamados "capos invisibles" de Cali, quien habría ordenado su ejecución. El hombre, quien portaba un arma, se resistió a ser subido a un vehículo, lo que desencadenó un forcejeo y múltiples disparos.

Las autoridades también han determinado que Cali se ha convertido en el epicentro de al menos cinco guerras criminales heredadas de municipios como Buenaventura, Jamundí, Tuluá, Cartago y el norte del Cauca. "La mayoría de los capos de esas zonas residen en Cali o la visitan con frecuencia; aquí tienen sus estructuras de sicarios y es donde las disputas se manifiestan", señaló una fuente investigativa.
Una situación similar se vive en Barranquilla y varios municipios del departamento del Atlántico, donde organizaciones criminales se enfrentan en una guerra por el control de extorsiones, tráfico de drogas, préstamos informales ('gota a gota') y robo de tierras. En esta región operan estructuras como Los Costeños, Los Pepes, el Clan del Golfo, Los Papalópez y el grupo liderado por alias Negrito Rubí.
El año 2025 cerró con 725 homicidios en Barranquilla, Soledad, Malambo, Galapa y Puerto Colombia. En lo que va de 2026, ya se registran 79 asesinatos, lo que representa un incremento del 14%, según cifras oficiales. Uno de los casos que generó mayor conmoción fue el asesinato de un niño de 12 años en el barrio La Esmeralda, durante un ataque armado contra una tienda que presuntamente se había negado a pagar una extorsión. El crimen, captado en video, es investigado por las autoridades. A esto se suma el homicidio de Linda Eximirey Ordóñez Burbano, de 36 años, en el barrio Altos del Río, presuntamente relacionado con disputas por tierras y deudas de 'gota a gota'.
Aunque Medellín cerró 2025 con 346 homicidios, una de las cifras más bajas en las últimas cuatro décadas, según datos de la Alcaldía, el temor ciudadano persiste. Tan solo el 1 de enero de 2026, dos personas fueron asesinadas, marcando el inicio del conteo anual. Desde entonces, la ciudad ha registrado al menos 27 homicidios, concentrados principalmente en comunas como La Candelaria, Belén, San Javier y Doce de Octubre. Sin embargo, Manrique, Aranjuez y Popular llaman especialmente la atención por la histórica presencia de bandas criminales como La Terraza.
El 23 de enero, dos asesinatos con signos de extrema violencia conmocionaron a la ciudad: dos cuerpos fueron encontrados con la cabeza envuelta en papel vinipel, uno en el barrio Berlín (Aranjuez) y otro en Popular. Para los investigadores, estos hechos tendrían todas las características de una vendetta criminal.
El temor en las calles no solo se relaciona con la seguridad cotidiana, sino con el posible impacto de estas violencias en el proceso electoral y en las mesas de paz urbana impulsadas por el Gobierno nacional. Líderes de estructuras criminales, como alias Douglas, de La Terraza, tienen una participación indirecta en estos escenarios, lo que genera interrogantes sobre la efectividad de las estrategias de negociación.
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