
La historia de Daniel Arizmendi, conocido en el inframundo criminal como "El Mochaorejas", ha dado un giro inesperado. Tras pasar 27 años tras las rejas, una jueza federal mexicana ha decidido absolverlo del delito de secuestro, argumentando que las pruebas presentadas por la entonces Procuraduría General de la República (PGR) fueron insuficientes para sostener la acusación. La jueza Raquel Ivette Duarte Cedillo ordenó su liberación inmediata en relación con este proceso.
Sin embargo, el camino de Arizmendi hacia la libertad total aún está lejos. Permanecerá en prisión al ser declarado "plenamente responsable" de violar la Ley Federal contra la Delincuencia Organizada. Por este cargo, ya cuenta con una condena de 8 años y una multa de más de 13 mil pesos, la cual podría ser sustituida por trabajo comunitario.
Nacido en Miacatlán, Morelos, el 22 de julio de 1958, Daniel Arizmendi tuvo una infancia marcada por la violencia doméstica y el abandono. Sus primeros años estuvieron llenos de carencias y dificultades, lo que lo llevó a abandonar la secundaria y a integrarse tempranamente al taller familiar. En 1977, contrajo matrimonio con María de Lourdes Arias, una relación que, según los reportes, estuvo plagada de conflictos y agresiones.
A pesar de sus esfuerzos por encontrar estabilidad laboral, Arizmendi incursionó en la Policía Judicial de Morelos a los 26 años, gracias al apoyo de su hermano Aurelio. Sin embargo, su paso por la corporación fue efímero, durando apenas dos meses. Fue durante este breve periodo que conoció a un recluso apodado "El Móvil", quien le impartió las técnicas que sentarían las bases de su futura carrera delictiva: el robo de vehículos.

El salto al secuestro se dio tras obtener información de su propio círculo familiar sobre el éxito de un plagio en Cuernavaca. Arizmendi, junto a antiguos cómplices e incluso su hermano, comenzó a operar. Su primera víctima fue un empresario gasolinero, por cuya liberación exigieron inicialmente un millón de pesos, negociando finalmente por 350 mil.
Los métodos de Arizmendi pronto escalaron a niveles de crueldad extrema. El acto que le valdría su infame apodo ocurrió durante su séptimo secuestro: le amputó una oreja a un empresario. Esta brutalidad se convertiría en su sello distintivo, sembrando el terror en la región y catapultándolo a una notoriedad que, irónicamente, acabaría por propiciar su captura.
La fama delictiva de Arizmendi creció exponencialmente, alimentada por asesinatos y burlas hacia las familias de sus víctimas. El 17 de agosto de 1998, un operativo especial antisecuestros, integrado por agentes federales y del CISEN, logró su detención en Naucalpan, Estado de México, desarticulando de paso toda su organización. Durante el arresto se incautaron importantes sumas de dinero y oro.
En ese mismo día, "El Mochaorejas" confesó haber asesinado a cuatro personas. Se estima que su banda fue responsable de alrededor de 200 secuestros, extendiendo sus operaciones a siete estados del centro y sur del país, y contando con la presunta complicidad de mandos de seguridad pública. Entre sus víctimas se encontraban empresarios españoles.
En 2003, un tribunal lo sentenció a 393 años de prisión por cargos que incluían secuestro, delincuencia organizada, posesión de armas de uso exclusivo del Ejército y homicidio.
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