
Un juicio comenzó recientemente en la Audiencia Provincial para esclarecer la muerte de un hombre ocurrida el 24 de septiembre de 2020, en un incidente relacionado con el presunto robo de plantas de cannabis en una vivienda de Inca. El propietario de la casa, acusado de causar la muerte, se enfrenta a un proceso donde la familia de la víctima exige que los hechos sean calificados como asesinato y no como simple homicidio.
Los representantes legales de la familia fallecida sostienen que la víctima fue sorprendida por la espalda, desarmada y apuñalada en múltiples ocasiones, lo que, a su juicio, evidencia premeditación y alevosía por parte del acusado. "La víctima no empleó la violencia, que únicamente ejercía el acusado, no eran tres contra uno, sino una persona que estaba desarmada a la que se sorprendió por la espalda y a la que se siguió apuñalando y murió desangrada", argumentaron, contrastando con la postura del fiscal. Por su parte, el fiscal considera que hay "prueba más que suficiente para la condena", aunque el centro del debate se sitúa en la calificación exacta del delito y el grado de responsabilidad penal.
El fiscal ha solicitado una pena de 15 años de prisión para el dueño de la finca, considerándolo responsable de un homicidio. Para los otros tres implicados, acusados de intentar perpetrar el robo, pide una condena de 11 meses de prisión cada uno. El fiscal afirmó que "el hecho de que el acusado mató a una persona no es controvertido", pero el debate se centra en los motivos, las circunstancias y el grado de culpabilidad.
La defensa de los otros tres supuestos asaltantes ha solicitado la absolución de sus representados, argumentando que no participaron en los hechos centrales y no deberían ser considerados responsables del homicidio o asesinato. Sostienen que sus clientes solo permanecieron en el exterior del domicilio y no intervinieron en la agresión ocurrida dentro de la propiedad.

La acusación detalla que cuatro personas acudieron al domicilio con la intención de robar plantas de marihuana. Mientras tres vigilaban afuera, uno ingresó a la propiedad. Se produjo un enfrentamiento con el residente, quien le propinó varias puñaladas. El asaltante, herido, huyó al exterior, siendo perseguido y apuñalado nuevamente por el propietario antes de que este abandonara el lugar. La víctima falleció poco después a causa de las heridas.
El Ministerio Público también reclama una indemnización económica para la familia del fallecido, estimada en unos 157.000 euros, sumándose a la pena de prisión solicitada para el propietario.
La defensa del acusado de causar la muerte rechaza los cargos, argumentando que las circunstancias del suceso no permiten calificarlo como homicidio ni asesinato, pues se trató de una reacción no premeditada y en una situación de peligro. Su versión implica que el acusado se vio sorprendido y que el desenlace no fue producto de una planificación.
El juicio continuará con la comparecencia de varios testigos, incluidos agentes de la Guardia Civil, para esclarecer la secuencia de los hechos, la participación de cada acusado y los elementos que permitan al jurado determinar la responsabilidad penal. El tribunal popular deberá analizar todas las pruebas y valorar los hechos expuestos antes de emitir su veredicto, no solo sobre el propietario, sino también sobre los tres acompañantes del fallecido, acusados de tentativa de robo.
La causa pone en disputa cuestiones legales sobre el alcance de la legítima defensa, la proporcionalidad de la respuesta ante un asalto y las fronteras entre homicidio doloso, asesinato y muerte accidental en contextos de robo. La decisión del jurado y el tribunal sentará un precedente para situaciones similares de defensa de bienes privados ante intrusiones violentas.
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