
En octubre de 1985, la vida de Missy Avila, una joven de 17 años de San Fernando, California, se vio truncada de la manera más cruel. Tras una salida al Bosque Nacional de Ángeles con dos de sus amigas más cercanas, su cuerpo fue hallado tres días después en un arroyo, hundido bajo el peso de un tronco. Lo que convirtió este caso en una pesadilla inolvidable fue la escalofriante secuela: una de las jóvenes implicadas en su muerte no solo guardó silencio, sino que se instaló en casa de la familia Avila, consoló a la madre de Missy y participó activamente en la búsqueda del asesino, mientras ocultaba el oscuro secreto de lo ocurrido.

Missy, una estudiante de 17 años, de estatura menuda y cabello largo hasta la cintura, mantenía una amistad de casi una década con Karen Severson y Laura Doyle. Sin embargo, la adolescencia trajo consigo celos y resentimientos. Karen, en particular, sentía envidia de la popularidad de Missy, de su atractivo y de la atención que recibía de los chicos.
A medida que Missy ganaba independencia, Karen comenzó a difundir rumores maliciosos sobre ella, acusándola de promiscuidad. Los chismes llegaron a tal extremo que Missy fue agredida físicamente por un grupo de chicas que creyó las mentiras. La traición no solo era emocional, sino también pública y violenta.
La tensión se agravó con la aparición de Randy, un exnovio de Missy que luego inició una relación con Karen. Cuando Missy rechazó un intento de reconciliación de Randy y aconsejó a Karen que se alejara de él, la furia se intensificó. Por su parte, Laura Doyle también arrastraba rencor: en julio de 1985 llegó a amenazar de muerte a Missy tras verla con su exnovio.
La escalada fue implacable. Karen incitó a Randy a arrojarle petardos a Missy como prueba de lealtad. En septiembre, la confrontó en un parque, la abofeteó y la humilló públicamente. Incluso llegó a la casa de Missy para decirle a su madre, Irene Avila, que su hija era una “trampa”.
El 1 de octubre de 1985, Karen y Laura convencieron a Missy de dar un paseo por el Bosque Nacional de Ángeles, en la zona de Colby Ranch. Las acompañaba otra amiga, Eva Chirumbolo, cuyo testimonio sería decisivo años más tarde.
Al llegar a un arroyo, Karen y Laura se abalanzaron sobre Missy, acusándola de acostarse con varios hombres. Entre llantos, insultos y golpes, la violencia se volvió brutal. Le arrancaron los pendientes, desgarrándole una oreja. Karen sacó un cuchillo y comenzó a cortarle el cabello, despojándola de aquello que, según ellas, la hacía especial.
La agresión continuó hasta convertirse en tortura. Karen sumergió a Missy en las heladas aguas del arroyo y la mantuvo bajo el agua hasta que se ahogó. Para asegurarse de que el cuerpo no flotara, colocaron un pesado tronco encima. El 4 de octubre, excursionistas descubrieron el cuerpo.
Mientras la policía iniciaba la investigación, Karen Severson apareció en casa de los Avila, fingiendo devastación y ofreciendo ayuda para encontrar al culpable. Su actuación fue tan convincente que, tiempo después, se mudó a la vivienda junto a su hija de dos años.
Karen vivió allí durante varios años: compartió comidas, durmió bajo el mismo techo y permitió que su hija jugara en las habitaciones donde Missy había crecido. Durante todo ese tiempo, desvió sospechas, participó activamente en la investigación y consoló a Irene Avila, quien ignoraba que convivía con la asesina de su hija.
Recibe las noticias sobre el mundo True Crime en tu correo.
Si sigues el true crime y te interesa el análisis serio de casos reales, este canal es para ti. Nuevos videos, investigaciones y debates cada semana.