
Una historia desgarradora ha conmocionado a Londres. Una niña de apenas tres años, identificada como Penélope, falleció en circunstancias terribles, víctima de desnutrición severa y presuntos maltratos. La pequeña vivía en un completo aislamiento, sin registro civil, sin haber asistido a la escuela ni recibido atención médica, lo que la hacía prácticamente invisible para el mundo exterior y las instituciones.
El cuerpo de Penélope fue descubierto el 17 de diciembre de 2023 en su hogar en Hayes, al oeste de la capital británica. Según los informes policiales, la niña se encontraba en un estado de extrema delgadez, envuelta en una sábana, y era prácticamente irreconocible para una niña de su edad. La autopsia confirmó que la desnutrición fue la causa directa de su muerte.
Sin embargo, el examen forense reveló detalles aún más sombríos. Se encontraron marcas en el cuello de la niña, descritas en el tribunal como "consistentes con el uso de ataduras". Además, presentaba lesiones en las manos, infligidas con un objeto afilado, que no parecían accidentales ni recientes, sino más bien el resultado de una vida marcada por el deterioro físico y el abandono. La Fiscalía sostiene que estas heridas son indicativas de un patrón de maltrato prolongado.
El fiscal Philip McGhee fue categórico al presentar el caso ante el tribunal: los padres de Penélope habrían maltratado a su hija durante un largo período y la habrían dejado morir de hambre deliberadamente.

La vivienda donde residía la familia se caracterizaba por la escasez de alimentos. La dieta, de carácter vegetariano, se limitaba a "yogur, lentejas y mantequilla", una alimentación evidentemente insuficiente para cubrir las necesidades nutricionales de una niña de tres años. La acusación argumenta que el deterioro físico de Penélope, su pérdida de peso y debilidad, debieron ser evidentes para sus padres, quienes habrían ignorado las señales de una desnutrición grave que se prolongó durante meses.
Penélope no solo padeció hambre, sino que también vivió en la invisibilidad. Sus padres, Jaskiret Singh Uppal, de 36 años, y Manpreet Jatana, de 34, ambos de origen indio y vegetarianos, nunca registraron el nacimiento de su hija. Tampoco le proporcionaron atención médica ni educación. Según se expuso en la vista judicial, la pareja se había "aislado del resto del mundo", lo que impidió que los servicios sociales detectaran la grave situación que se vivía en el hogar.
Incluso tras la muerte de la niña, el aislamiento persistió. La Fiscalía reveló que los padres llegaron a considerar la posibilidad de incinerar el cuerpo de Penélope en el jardín trasero antes de contactar con una funeraria.
Uppal y Jatana comparecieron por videoconferencia desde las prisiones de HMP Pentoville y Bronzefield ante el Tribunal Central de la Corona de Londres. Ambos se declararon inocentes de los cargos de asesinato, homicidio involuntario, causar o permitir la muerte de un menor y crueldad infantil. La pareja, que se conoció en la universidad, se encontraba sin empleo y residía en una propiedad del padre de Uppal. Permanecen en prisión preventiva a la espera del juicio, fijado para el 11 de enero de 2027.
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