Dorothea Puente se disfrazó de benefactora para ocultar a una calculadora asesina serial. En los años 80, en Sacramento, administraba una pensión para ancianos y personas vulnerables, a quienes manipulaba para cobrar sus beneficios sociales.
Bajo su fachada amable y maternal, la codicia la llevó a deshacerse de sus inquilinos. En 1988, la policía descubrió la verdad en el jardín de su casa de la calle F Street: siete cuerpos fueron desenterrados.
El caso impactó a EE. UU. por la brutalidad oculta tras una apariencia inofensiva. Puente fue condenada a cadena perpetua, dejando un legado inquietante sobre cómo la maldad puede utilizar la confianza como su disfraz perfecto.